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domingo, 21 de febrero de 2010

Se pensaba.




Llevamos muy pocos años secuenciando y analizando genomas y el descubrimiento mortal para las fantasías darwinistas es que el "programa vida" es previo a la evolución, no estaba ya en el primer animal, como se comentaba en la anterior entrada, estaba en protistas, en unicelulares, y el proceso evolutivo es solo el despliegue de ese programa para el que la doctrina no tiene la menor explicación sobre su aparición. No creo que nadie tenga la cara dura de proponer que estos complejísimos programas genéticos se crearon por azar para actuar en el futuro en seres pluricelulares.

El primer coanoflagelado, monosiga brevicollis,, ha revelado un genoma compacto con unos 9200 genes (cerca de la mitad que el genoma humano).
Una herramienta muy útil en las valoraciones evolutivas de larga distancia es la comparación no ya de proteínas. El genoma de de monsiga ha revelado 78 dominios que no solo comparten coanos y metazoos, sino que los comparten en exclusiva: no aparecen en ningún otro grupo, unicelular ni multicelular. De hecho, muchos de estos dominios son esenciales para que nuestras células se adhieran entre sí y se comuniquen, y se pensaba por ello que habrían evolucionado como una como una especialización de los animales. Pero no es así: ya estaban en nuestros ancestros unicelulares.

Las cadherinas y las proteínas de matriz extracelular son esenciales para la adhesión entre nuestras células, y para distribuirlas en grupos de distinta afinidad durante el desarrollo embrionario. Otras proteínas como las "lecitinas de tipo C", se ocupan de contactos más específicos, como el reconocimiento entre los leucocitos y las células endoteliales que recubren internamente los vasos sanguíneos. Pero el coano tienen 23 genes con uno o varios de la cadherina , y 12 genes específicos de lecitinas de tipo C. También tiene decenas de genes con los dominios del colágeno, de la laminina, de la reelina y de varios otros organizadores de matriz extracelular, el entramado arquitectónico de nuestras capas multicelulares, y que igualmente eran exclusivos de los animales hasta ahora.

El siglo de la ciencia Javier Sampedro.


"se pensaba por ello que habrían evolucionado como una como una especialización de los animales. Pero no es así: ya estaban en nuestros ancestros unicelulares."

Se pensaba porque era la única forma de explicar de algún modo la evolución darwinista.
¿Y ahora? ¿Qué se piensa?
Pensar, no es que hayan pensado mucho los darwinistas pero siempre han tenido una imaginación desbordada y casi cualquier cosa que podían imaginar la daban como cierta si ayudaba en la explicación de la evolución de la bacteria al elefante por mecanismos azarosos y la reproducción diferencial, pero ante estos datos, el darwinismo ha quedado mudo, paralizado, catatónico sobre estas cuestiones. No tiene nada que decir.
Puedo estar equivocado quizás algún lector me pueda indicar donde se trata de estas cuestiones en el ámbito darwinista, pero yo no lo veo, ni en zonas académicas ni en los numerosos blog darwinistas.
La fantasiosa doctrina es un cadáver y apesta, pero ellos disimulan y no se dan por enterados y callan.

domingo, 14 de febrero de 2010

El último libro de Javier Sampedro




El último libro de Javier Sampedro, EL SIGLO DE LA CIENCIA. NUESTRO MUNDO AL DESCUBIERTO, habla solo parcialmente de biología evolutiva pero no deja de tratar algunos temas interesantes. Sampedro no esconde verdades evidentes como tantos.
Así termina el capítulo 6. GENOMAS:

Los genetistas disponen del mismo túnel del tiempo que los lingüistas. No hay grabaciones de 10.000 años que demuestren que pie se decía pod, en la lengua indoeuropea ancestral. Los lingüistas comparan pie, foot, vot, pes y pada y deducen su origen evolutivo. Lo mismo vale para los genes.

La comparación entre genomas de mamíferos permite reconstruir el genoma del primer mamífero. La comparación entre humanos moscas y medusas revela el del primer animal, el origen de la evolución animal. No hace falta recuperar físicamente aquel ADN de hace 6oo millones de años, se puede deducir como la palabra pod.

Como hemos visto, la conclusión general de esta reconstrucción del pasado es que todas la funciones fundamentales de nuestro genoma estaban ya en el primer animal que se arrastró por el fondo de los océanos precámbricos. Llevamos 600 millones de años coleccionando los mismos sellos.


"Coleccionando los mismos sellos". El pobre Sampedro cae en la tentación al final después de revelarnos la verdad de que la información genética sustantiva es previa a la evolución, como he repetido tantas veces, incluso muy anterior al primer animal y la evolución es solo el despliegue del programa vida que está presente desde el principio, sin que el darwinismo tenga la menor respuesta coherente ante estos descubrimientos de la ciencia ¿Como estaba allí toda la información genética que se desplegaría después?

Colección de sellos. No hombre, eso no es serio, una colección de sellos que se baraja no es lo que vemos, es un programa que se despliega. Pero sus prejuicios ideológicos le impiden decir toda la verdad.

En otro capítulo Sampedro nos hace declaración de su ateísmo, parece algo obligado hoy día para que los disidentes del darwinismo puedan mantener el debate.
El espectáculo de los que han visto la verdad sobre el darwinismo pero no quieren llegar al fondo de la cuestión es fascinante.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Sin rastro




Hay actualmente una serie de problemas planteados a la visión darwinista de la evolución que en mi opinión no tienen solución de ningún modo desde la perspectiva de la doctrina. Los doctrinarios no quieren siquiera ver estos problemas o los zanjan con alguna frase hecha.

Al insoluble problema de la Explosión Cambrica y a la del patrón de la aparición de la información genética sustantiva y a otros, se añade el de la desaparición sin dejar rastro de los precursores biológicos de la célula. La respuesta de los dogmáticos es muy simple han desaparecido porque se los han comido sus sucesores más evolucionados. Los sucesores más evolucionados no se han comido a las primeras células sino que estas procariotas llenan la biosfera. Sampedro se plantea honradamente esta extraña desaparición, pues cabría encontrarlos por todas partes.

Si la primera célula, seguramente una bacteria, se formó en la Tierra a partir de la materia inerte, es obvio que no pudo hacerlo de un solo paso. Debió haber numerosos intermediarios. Y si fue así, ¿dónde están sus herederos? Los resultados de miles de millones de ensayos para construir uan bacteria. Los titubeos, las vacilaciones, las salidas en falso. La inmensa mayoría murieron sin dejar descendencia, por supuesto, pero ¿alguien se habría atrevido a predecir, a deducir de lo principios darwinianos que solo habría un ganador de ese proceso? ¿Que una única célula bacteriana, surgida de la sopa química primordial, sí, pero dotada de toda la desesperante complejidad de cualquier célula por simple que ésta sea, iba a dar lugar a todos los seres vivos que existen actualmente y a todos los que ya han dejado de existir en este duro mundo de fiera competencia y flaca memoria?

Una solución simple puede muy bien ser única: cualquier instrumento que sirva para comer sopa debe tener la forma aproximada de una cuchara. Pero a nadie se le ocurre que una solución compleja pueda ser única. No puede haber una sola forma de organizar el tráfico en una ciudad de tres millones de habitantes, como no puede una sola forma de analizar la historia del arte, ni de escribir una novela policíaca en la que el asesino resulte ser el narrador. Ni siquiera Bill Gates debe estar convencido de que Windons es el único sistema operativo capaz de hacer funcionar un ordenador. Los problemas complejos siempre tienen numerosísimas soluciones.

¿Dónde están las otras soluciones para generar vida a partir de la materia inerte? Cabría encontrarlas por todas partes, por mucho que, según nuestros criterios antropocéntricos, resultaran menos brillantes, menos compactas o menos evolucionables que la solución que la solución que acabó generándonos a nosotros.

Pero el caso es que no es así. Todas las malditas células que constituyen su cerebro, lector, todas las malditas células que forman el hígado de un camello, todas las que conforman el ala de una mariposa y todas las condenadas que hay en el mundo descienden evidentemente de la misma Eva, de la única madre de todas las células. ¿No es esto sorprendente? Yo creo que es extraordinariamente sorprendente. Y sin embargo no hay la menor duda de que esto es así.


Deconstruyendo a Darwin. Javier Sampedro.

viernes, 2 de octubre de 2009

Cuando la ciencia avanza el darwinismo retrocede





En enero de 2002 un equipo de investigadores presentó en Nature los resultados de la primera búsqueda sistemática de maquinas multiproteicas. Este equipo dirigido por Giulio Superti-Furga, analizó de un golpe unos 1400 genes (una tercera parte del genoma) de la levadura Saccharomyces cerevisiae.
El resultado fue una de las mayores sorpresas científicas de los últimos años: las 1400 proteínas fabricadas por esos 1400 genes no vagan en solitario por la célula, cada una aportando su pequeña cuota de know how a la empresa celular, sino que todas están formando parte de máquinas multiproteicas [...]Cuando los científicos de Heidelberg representaron en un solo mapa todas las interacciones, descubrieron un hecho inesperado más: la mayoría de las máquinas están asociadas entre sí, directa o indirectamente, a través de proteínas comunes."En una primera aproximación toda la célula es una sola máquina".



La organización de la célula en máquinas altísimamente estructuradas supone una enorme restricción a los mecanismos evolutivos concebibles. En palabras de Superti-Furga:"Las levaduras y las células humanas comparten un altísimo número de máquinas similares, compuestas por proteinas relacionadas. Esto significa que mientras cada proteína ha cambiado significativamente a través de mutaciones en el curso de la evolución, las células de las nuevas especies siguen construyendo los mismos tipos de máquinas, usando para ello los componentes alterados". Las graduales sustituciones de letras en el ADN, que van alterando poco a poco la secuencia de aminoácidos de una proteína - y que siempre ha hecho las delicias de los darwinistas ortodoxos- parecen ahora menos relevantes que nunca para la generación de la novedad evolutiva.

En el seno de una máquina multiproteica, las lentas variaciones de una proteína tienen que venir compensadas por la alteración de la proteína de al lado, de modo que la interacción entre las dos proteínas se mantenga y la máquina no se deshaga en pedazos. Si todas las células eucariotas están basadas en máquinas multiproteicas complejas, ajustadas y engrasadas, y si esas máquinas son en gran medida las mismas en todas las especies animales, lo más probable es que la materia prima de la innovación evolutiva no sea el gen , en su constante fluir acumulativo de cambios de aminoácidos, sino la máquina en su conjunto, que puede ser reclutada como tal en un nuevo lugar, tiempo o situación, tal vez mediante la mera sustitución de uno de sus componentes.

Deconstruyendo a Darwin. Javier Sampedro.

Dejando aparte, algo que ya se ha convertido en un lugar común en la investigación biológica y es la constante manifestación de sorpresa y asombro ante cada nuevo descubrimiento en el que se que manifiesta que la vida es siempre más compleja de lo que esperaban, estos párrafos nos muestran varias cuestiones que están pendientes de abordar y resolver por la ciencia ortodoxa. Como bien manifiesta Sampedro la organización de la célula en máquinas tan bien estructuradas supone una enorme restricción a los mecanismos evolutivos, y las graduales sustituciones de letras de ADN parecen menos relevantes que nunca para la generación de la novedad evolutiva. Lo más probable es que la materia prima de la innovación evolutiva no sea el gen sino la máquina en su conjunto.

El problema para el darwinismo es que eso es simplemente imposible de explicar con los mecanismos darwinianos, se exigen unos enormes milagros estadísticos para la aparición de esa gran máquina en su conjunto, que ninguna persona sensata podrá admitir. La solución que han encontrado es hablar en voz muy baja de estos temas y e intentar disimular.

Los observadores externos contemplamos el circo darwinista cada día más divertidos, viendo como hasta le crecen los enanos.

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viernes, 6 de febrero de 2009

Sampedro rellenando a Darwin, un bufón en la Corte de los milagros




Entre los innumerables artículos a propósito del aniversario de Darwin voy a comentar algo sobre el de Javier Sampedro en El País.
Tengo debilidad por Sampedro, al contrario que tantos filósofos, periodistas e intelectuales varios que pontifican sobre evolución sin tener la menor idea del tema, Sampedro lo domina, se dedicó durante muchos años a la investigación genética y según propia confesión, y esto es lo que más me impresiona de él, dejó de ser darwinista por grises y aburridas razones científicas y su alegación por la pérdida de la fe, es toda una confesión de su incomoda posición.


"Yo era un darwinista ortodoxo y convencido, y ahora he dejado de serlo ¿Qué objetivos ocultos han guiado mi pérdida de fe? Era entonces y sigo siendo un correoso ateo, un izquierdista moderado y un amante del jazz. Darwin sigue siendo un modelo intelectual para mi, y sigo valorando el darwinismo como lo que es: un sólido argumento matemático para compatibilizar la naturaleza discreta del gen con el gradualismo darwiniano. ¿Cuáles son entonces mis objetivos ocultos? Mi fe en el darwinismo se ha disipado por las más grises, planas y aburridas razones científicas"


Tener que explicar que no hay razones ocultas (Sampedro recuerda la acusación del psicópata Dennett a Gould de tener un programa oculto por algunas críticas moderadas al darwinismo) y repetir a cada ocasión que se presenta que sigue siendo ateo, es algo que conmueve a cualquier observador externo ¡Lo que sufren los disidentes!
Al pobre Javier se le ponen los pelos de punta con solo imaginar que puede ser confundido con un creacionista ¡Soy ateo, soy ateo, no disparen!

El artículo es un sí pero no, un ejercicio de equilibrismo sobre el alambre.
La bola de nieve planetaria que algunos científicos -pocos- postulan es una hipótesis muy poco verosímil, y de ningún modo explica la explosión cámbrica. Al menos reconoce el problema teórico que supone la explosión, algo poco habitual:
"el problema estrella de la biología evolutiva: la explosión cámbrica, la gran dificultad que atormentó a Darwin hace un siglo y medio."

Atormentó es una palabra demasiado fuerte, Darwin se liberó del tormento suponiendo que esta era un artefacto del registro fósil y para él era indudable la existencia del crustáceo precambrico que nunca existió. Los atormentados serían los actuales darwinistas tras ciento cincuenta años sin crustáceo, yo los veo crispados pero no por este tema.

Sampedro menciona otros temas como el conflicto intragenómico, o la duplicación de genes para intentar completar a Darwin.
A las inagotables metáforas del darwinismo para explicar lo inexplicable, se ha añadido una nueva: la hipótesis del "bufón de corte". Según afirman estos darwinistas, los bufones no cambiaban jamás su numerito si no eran forzados a ello por una catástrofe. Así la evolución no se produce si no hay grandes cambios ambientales, como Sampedro no evoluciona y permanece en el limbo del darwinismo sin fe, en ese equilibrio inestable pero persistente, completando o rellenando a Darwin como bufón de la Corte de los milagros. Los imposibles e innumerables milagros que exige la fantasíosa doctrina darwinista.

lunes, 11 de agosto de 2008

Los integristas tienen razón


Daniel Dennett, darwinista fundamentalista.

Los graves problemas que afectan a la teoría darwinista ante los avances de la genética y la paleontogía son afrontados por sus defensores de dos formas, unos simplemente ignoran la realidad, otros más listos e informados tratan de hacer que algo cambie en la doctrina para que todo siga igual, que pueda salvarse lo fundamental. Unos son los dogmáticos y otros los reformistas.
Lo fundamental en el darwinismo es el azar como motor del cambio evolutivo, no nos engañemos, si la supervivencia de los más aptos no sirve como explicación se cambia por la reproducción diferencial, todo eso no tiene la menor importancia.

Los dogmáticos como Daniel Dennett o Dawkins defensores de la doctrina no se ven muy afectados por las evidencias en contra. Richard Dawkins sí es consciente de lo que se viene encima, pero él ha tomado un camino fácil, ha abandonado la biología evolucionista y ha buscado refugio en la teodicea y en la antiteología teórica. Que si Dios es malo y esas cosas, pero de los nuevos descubrimientos de la genética ni pio, cuando se descubrió el Pax 6 se enfadó y tiró la toalla.

Dennett, un "filosofo de la mente"con un lenguaje confuso y una idée fixe: la selección por competencia, ve competencia entre dos neuronas de su cerebro. Sí, sí, las neuronas compiten entre si, no colaboran. En su caso puede ser pero el tipo generaliza. Es el verdadero guardián de las esencias del darwinismo, él ha tomado sobre sus hombros la tarea de la defensa del dogma. Arremete contra los enemigos sin piedad, declara que las personas religiosas deberían ser encerradas en jaulas. Denuncia a los dudosos y desenmascara los "programas ocultos" de aquellos reformistas que como Gould, no muestran el suficiente entusiasmo que a juício de Dennett hay que mostrar.


Los reformistas, como el fallecido Gould o Javier Sampedro, ven la enorme dificultad que suponen para la doctrina la Explosión Cámbrica y los avances de la genética que desvelan que la información genética sustantiva es previa a la evolución y van y lo cuentan, pero de una forma muy confusa y dando a entender que en cierto modo el darwinismo puede persistir de alguna forma con algunos cambios.

Stepen Jay Gould publicó antes de morir "La estructura de la teoría de la evolución".Son más de mil cuatrocientas páginas de letra menuda donde además de la extraordinaria erudición e inacabable palabrería de Gould hay datos, muchos datos escondidos. En el capitulo 10, todos los trabajos de la última década del siglo XX donde se ve que la información genética siempre es anterior a la evolución, los Hox y otros genes reguladores ancestrales, y como sin querer Gould escribe frases como estas: Hay al menos tres fuentes de evidencia que subrayan la conclusión central de esta sección: que la evolución de baupläne diferenciados y especializados a partir de un ancestro común procede por reducción y restricción y no por adicción de genes o expansión de sus dominios de actividad.
o
Esto quiere decir que nuestro gran clado de 40.000 epecies evolucionó según la regla general presentada en esta sección: la correlación de la especialización fenotípica con la supresión y restricción de la actividad Hox. O por decirlo más gráficamente, uno empieza con todo lo que puede tener y va restado a partir de ahí.

Lo extraordinario, lo asombroso es que ese charlatán infatigable de Gould que es capaz de escribir mil páginas sobre cualquier minucia no dice nada, absolutamente nada sobre como esa información genética sustantiva de la que se va restando para evolucionar, apareció íntegra. Uno empieza con todo lo que puede tener y restando evoluciona.

Sampedro cuando deconstruye a Darwin solo deja como algo cierto de la teoría la descendencia común.

Ciertamente desde el punto de vista darwinista el talibán Dennett lleva razón: cuando no es posible hablar sin dejar en evidencia las fantasias estúpidas del darwinismo, más vale permanecer en silencio o dedicarse a la antiteleogía o la filosofía de la mente, pero no a la biología evolutiva.

viernes, 2 de mayo de 2008

DECONSTRUYENDO A DARWIN Javier Sampedro.

En el prólogo, Sampedro escribe:

Cada vez que alguien formula una critica al darwinismo, le acaba apareciendo un crucifijo escondido por alguna parte-o al menos alguien logra encontrárselo disimulado entre las ropas-,y el impenitente ateo que suscribe no estaba dispuesto a pasar por ese calvario. Antes callar que dar argumentos a los creacionistas.


Pero al final, sin explicar muy bien por qué, cantó la gallina, con disimulos, tergiversaciones, metáforas imposibles- las metáforas del darwinismo, menudo tema- y recordando de cuando en vez que él es un ateo integral, pero cantó, vaya si cantó.

"El darwinismo son dos cosas y solo una es dogma". Así titula el primer Capítulo Sampedro.

Una es la evolución, la teoría que postula provienen de un único ancestro primitivo( o de unos pocos):una teoría que se puede considerar demostrada por encima de toda duda razonable. La otra es la selección natural, un mecanismo gradual propuesto para explicar no sólo la evolución sino el hecho de que los seres vivos posean estructuras que parecen diseños inteligentes[...]Por extraño que suene, la selección natural, no es un elemento lógico esencial de la teoría de la evolución.


Hace falta tener una cara de hormigón para afirmar esto, en ese caso hasta un animista irredento como yo podría ser calificado de darwinista. Pienso que la evolución es un hecho y que los seres vivos provienen probablemente de un único ancestro.
En realidad el darwinismo está muerto y putrefacto y debería ser enterrado sin tardanza pero Sampedro lo que trata de salvar es el ateísmo intelectualmente satisfecho que solo ha sido posible gracias al darwinismo. Queda claro como el agua en este párrafo:

La investigación biológica actual ha revelado numerosas paradojas que desafían el edificio darwiniano. La preservación de este crucial edificio- estamos hablando de la teoría que dimamitó la ancestral creencia humana en la necesidad de un diseñador inteligente- va a requerir una actitud intelectual francamente más abierta y creativa que la de los actuales darwinistas ortodoxos, encastillados en unas fortalezas dogmáticas que a buen seguro hubieran avergonzado al propio Darwin. El relojero será ciego, pero su ceguera- lástima- no parece bastarle para construir un reloj.


Lástima sí, una pena para el darwinismo que se haya ido de la boca. La actitud abierta y creativa de Sampedro, que es un gran biólogo, cuando habla de los genes hox, de la explosión Cámbrica o de la endosimbiosis, no impide que cualquier lector imparcial acabe viendo la verdad a través de tanta palabrería: La información genética es previa a la evolución, todo estaba en el mítico Urbilateria, y la evolución es solo el despliegue de esta información, de este software caído del cielo.

Cuando Sampedro expone datos el libro es interesante, pero tantas divagaciones, tanto retorcimiento, para poder hacer mínimamente plausible la explicación sin diseño de la evolución, hacen al libro algo indigesto.

Desde la publicación, las cosas han empeorado dramáticamente para el darwinismo, este es posible que sea el último intento serio de salvar los muebles. Ahora a Sampedro le quedan dos opciones o el silencio o el paso a la antiteología teórica como Dawkins.