
Los darwinistas repiten siempre como loros: el hombre no es más que un mono, solo un mono o las frases de Dawkins:
Somos máquinas de supervivencia, autómatas programados a ciegas con el fin de perpetuar la existencia de los egoístas genes que albergamos en nuestras células.
O también:
Si como la mayoría de los críticos de mi pasaje del robot torpe, no es usted religioso, se enfrentará al siguiente interrogante ¿Qué diablos cree usted que es sino un robot, aunque un robot muy complejo?
Solo o no más que monos, máquinas o lerdos robots ¿Por qué ese empeño obsesivo, como han podido ver en debates anteriores? La cuestión es degradar al ser humano, para así poder manipularlo sin control, ya que ha perdido toda su dignidad.
El cientifismo-darwinismo, que es una ideología totalitaria que está impregnando a la sociedad a base de mentiras e hipocresía, se cree con el derecho a imponer esta ideología de forma obligatoria y tambien a introducirse en cualquier espacio de la sociedad y practicar cualquier tipo de ingenieria social.
Estos perturbados piensan que ellos son "la ciencia", y si han visto"la verdad"tienen todo el derecho a reformar todos los ámbitos de la vida con arreglo a su ideología y las mentes de los disidentes. Con sus constantes predicaciones intentan madurar la situación para que sea posible realizarlo sin gran resistencia. Si piensan que exagero, les invito a la lectura de Daniel Dennett o Richard Dawkins, los más populares predicadores cientifistas, su primera obsesión es acabar como sea con todo sentimiento religioso ¿Algo que ver con la reproducción diferencial o los cladogramas? No, eso no.
Richard Weicart escribe en referencia a estas cuestiones, un interesante artículo que comienza con estas lúcidas reflexiones de un famoso psiquiatra y neurólogo:
Victor Frankl un sobreviviente del Holocausto que sufrió los horrores de Auschwitz, realizó inteligentes observaciones sobre la forma en que el pensamiento europeo moderno ha ayudado a preparar el camino para atrocidades nazis (y su propia miseria). Afirmó, "Si presentamos un hombre con un concepto de hombre que no es cierto, podemos corromperlo. Cuando se presenta al hombre como un autómata de reflejos, como una mente-máquina, como un manojo de instintos, como un peón de los impulsos y las reacciones, como un mero producto del instinto, la herencia y el medio ambiente, alimentamos el nihilismo al que el hombre moderno es, en cualquier caso, propenso. Me familiaricé ", continúa Frankl," con la última etapa de esta corrupción en mi segundo campo de concentración, Auschwitz. Las cámaras de gas de Auschwitz fueron consecuencia última de la teoría de que el hombre no es sino el producto de la herencia y el medio ambiente - o, les gustaba decir a los nazis, de la sangre y el suelo. Estoy absolutamente convencido de que las cámaras de gas de Auschwitz, Treblinka, Maidanek y, no se prepararon en última instancia, en algún ministerio en Berlín, sino más bien en las mesas y en las aulas de los científicos y filósofos nihilistas."

