El naturalista revolucionario escribe a propósito de la imposibilidad de las teorías del todo, del sueño imposible de Laplace:
existen límites lógicos absolutos a la capacidad de cualquier método para adquirir conocimiento (incluyendo, obviamente, la ciencia humana) que produzca una teoría comprensiva sobre el mundo. Es decir, ninguna teoría del todo es realmente posible, diga adiós al demonio de Laplace, y por implicación, a la idea de determinismo.
Antes de que los pseudocientíficos, creacionistas, místicos y demás charlatanes empiecen a dar saltos de alegría declarando el fín de la ciencia, sin embargo, déjenme añadir lo siguiente. Primero, la ciencia sigue siendo de lejos la mejor (y tal vez la única) forma de comprender el mundo, y el hecho de que su poder sea limitado por las características de la mente humana, por las del universo físico y por las leyes de la lógica, es simplemente algo con lo que tenemos que vivir. Ninguna aproximación "alternativa" se ha acercado siquiera un poco a hacerlo mejor.
Como creacionista no he dado saltos de alegría, esas abstrusas disquisiciones, afectan a los fanáticos materialistas abducidos por el cientifismo, pero no a las personas con sentido común y los pies en la tierra, además creo que siempre exageran en sus conclusiones. Ya será menos.
La ciencia sigue siendo la mejor forma de comprender como funciona el mundo, los creacionistas estamos entusiasmados con los avances de la ciencia que nos muestran como la información genética sustantiva precede a la evolución y como un programa previo se despliega en el hecho evolutivo. Hace tiempo que los cientifistas materialistas tienen que estar escondiendo cada vez más cosas debajo de la alfombra y esta abulta ya mucho.
En cuanto al misticismo no solo no es incompatible con la ciencia sino que parece ser un acicate para los descubrimientos verdaderamente revolucionarios, Newton y Kepler no solo eran religiosos creacionistas y místicos, sino que escuchando la música de las esferas, la "Harmonia Mundi" avanzaron de forma decisiva hacia la verdad científica.
Pero no solo estos genios que alguien dirá que al fin y al cabo eran de otros tiempos, casi todos los físicos verdaderamente notables en el siglo veinte que revolucionaron la física, los verdaderos sabios, han tenido una vena mística, solo hay que leer a Planck, Heisenberg, Schrödinger, Pauli y tantos otros para verlo claro, un cierto misticismo está en la base del verdadero avance científico, porque para avanzar es imprescindible atisbar la inteligencia que hay detrás del Universo.
Estos materialistas ramplones, estos revolucionarios naturalistas solo atienden a lo más degradado de la ciencia que partiendo de Darwin, que alguna vez pudo ser científico, ha degenerado en una filosofía materialista-cientifista cuyos representantes actuales más conspicuos como pueden ser los predicadores Dennett o Dawkins, verdaderas caricaturas del filosofo y el científico, charlatanes tristes, obsesionados y fanáticos que pretenden cubrir con el respetable manto de la ciencia todas sus absurdas doctrinas y que se han establecido como censores y suponen un verdadero obstáculo al avance científico.
lunes, 27 de octubre de 2008
La ciencia, el misticismo y los charlatanes
sábado, 5 de abril de 2008
¿Por qué persiste el darwinismo?
El contenido lógico e informativo del darwinismo tan ridículo y escaso pretende explicar la aparición y evolución de la vida sobre la tierra.
La vida apareció por azar y se diversifica y evoluciona porque unos sobreviven o se reproducen más que otros, pequeños cambios en la copia del genoma, algunos de los cuales son útiles, hacen que sobrevivan unos y no otros y explican que una bacteria llegue a ser un elefante, con el tiempo y sobreviviendo, o que esa bacteria permanezca siendo una bacteria por los siglos de los siglos. Lo explica todo y nada.
Cualquier persona sensata se preguntará ¿Por qué persiste el darwinismo como teoría científica contrastada? La respuesta es sencilla: Porque cualquier alternativa es imposible de aceptar, dadas las premisas de nuestro paradigma cultural: el cientifismo. La primera de estas premisas es que todo es material y la materia es explicable por si misma, la afirmación central del darwinismo, no es la supervivencia del mas apto, es que todo el universo y en el universo es producto del azar y la necesidad. El darwinismo exige aceptar esta premisa, arguyendo el principio de la navaja de Occam: “En igualdad de condiciones la solución más sencilla, es probablemente la correcta”.
Afirmar que todo es producto del azar es sin duda una solución simple y elegante, el problema para el darwinismo es que el azar también tiene sus reglas detectables, Hoyle el famoso astrofísico, habla de ello en “Matemáticas de la evolución” y “El universo inteligente”, por supuesto que el sentido común nos indica que grandes cambios y gran complejidad necesitan enormes cantidades de tiempo para que lleguen a producirse, por eso a los darwinistas les pone de los nervios entrar en detalles de la complejidad de la vida o del ritmo evolutivo, simplemente esas cosas no se comentan con adversarios.
Sin embargo el darwinismo persiste como teoría ortodoxa, cada vez con más contradicciones y problemas, pero ahí sigue.
Como escribió Von Bertalanffy:
El hecho de que una teoría tan vaga, tan insuficientemente demostrable, tan ajena a los criterios que suelen aplicarse en las ciencias empíricas, se haya convertido en un dogma no es explicable, si no es con argumentos sociológicos.
Como explica T. S. Kuhn en “La estructura de las revoluciones científicas”, los paradigmas científicos, no se abandonan porque se demuestre su falsedad, sino que en la periferia del sistema se comienzan a plantear alternativas a la ortodoxia y posteriormente el núcleo principal de los científicos siguiendo el lema universal de “¿donde va Vicente? donde va la gente”, da un cambio brusco, revolucionario.
Muchos científicos permanecen ortodoxos porque fuera hace frío, y la represión es cada vez mayor para quien se sale del rebaño, pero la mayoría simplemente no se plantea problemas globales, o no los entiende. La barbarie del especialista que no sale de su pequeño campo.
La caída del darwinismo irá unida, si es que algún día se produce, a la del cientifismo que es uno con él, y esto hará más difícil y brusco este cambio.
Creer que se sabe lo que en realidad se desconoce, es una característica central del cientifismo, y técnicamente como indica I.Berlin, una superstición, ya se trate de creer saber que un gato negro da mala suerte o que se sabe por qué y como evoluciona la vida. En ese sentido la ciencia es tremendamente supersticiosa, desde Lord Kelvin que afirmaba que los físicos del futuro solo podrían ocuparse de la séptima cifra decimal o Haenckel que en su libro “Los enigmas del Universo”, un bestseller de principios del siglo XX, donde afirmaba que no existían estos enigmas porque la ciencia los había resuelto, hasta el último telediario donde se afirma que están a punto de descubrir un remedio contra el cáncer, el cientifismo es la religión de nuestro tiempo, ya sabemos lo fundamental sobre el universo, solo nos faltan los detalles.
La complejidad de la vida que se nos muestra cuando se avanza en el conocimiento de esta, hace muy difícil la defensa del darwinismo, pero ellos tratan de ocultarlo y gritan: ¡creacionistas! y repiten su mantra: El azar lo puede todo.
La sabiduría y la ciencia no deberían estar reñidas, pero hoy lo están, por no recordar la máxima de un sabio de hace dos mil cuatrocientos años: Solo sé que no se nada, pero al menos sé más que los cientifistas-sofistas que creen saber.

