Las bacterias vivieron y sobrevivieron durante tres mil millones de años sin evolucionar, o puede que evolucionaran pero dentro de un orden y de su membrana, sin exhibiciones, sin hacerse más grandes ni pluricelulares, ni siquiera eucariotas, que un día después de tantísimo tiempo se asociaran y comenzaran a adquirir ojos, patas y columna vertebral y la Tierra se llenara de animales es fácil de explicar científicamente como hacen estos señores tan serios que se horrorizan de los desvaríos creacionistas: se hicieron más aptas y adaptadas y se reprodujeron más aprovechando los errores o cambios aleatorios en la copia del genoma y llegaron a ser un elefante o una almeja. ESA es la explicación científica, no hay otra, y pretenden que personas humanas supervivientes, con su corazoncito y su cerebro se traguen esas estupideces, y a veces lo consiguen hablando en nombre de la Ciencia. Si se les muestra que el unicelular procariota del que descienden todos los animales, es más apto y adaptado se mire como se mire y se reproduce más rápido que las almejas, los sabios permanecen en silencio o gritan: ¡Creacionista!
Se desesperan cuando la mayoría siguen sin creer en relojeros ciegos y en la presciencia del azar, pero también les hace sentirse más listos y científicos ligeramente incomprendidos.
Sí, el Emperador está desnudo y aunque la mayoría calle para que no le tachen de estúpido, los estafadores están realmente histéricos, porque ya se ha oído el grito y ellos reclaman seriedad, pero la carcajada comienza a oírse y seguirá aumentando ya sin posible vuelta atrás, los historiadores del futuro discutirán sobre las causas de semejante desvarío colectivo ¿ Cómo fue posible que sabiendo ya bastante biología pensaran que la vida es producto del azar? Y olvidarán la la inexorable ley científica que explica este, y otros que vendrán:
Cada día que amaneceY que la estupidez que se tiene por científica es más sólida, más consistente y persistente que otros tipos de estupidez.
el número de tontos crece
Esa credulidad infinita de los darwinistas que asombra a quién contemple la escena desde fuera se entiende viendo un elefante, tan adaptado, con su rabo para espantar parásitos, con su trompa, con su gruesa piel de paquidermo tan útil, con sus patas, siempre apto y adaptado, como el mosquito y la almeja, el pingüino y el olmo, todos reproduciéndose incluso los darwinistas, aunque estos menos últimamente, y otros vendrán que inadaptado me harán.

