viernes, 6 de febrero de 2009

Sampedro rellenando a Darwin, un bufón en la Corte de los milagros




Entre los innumerables artículos a propósito del aniversario de Darwin voy a comentar algo sobre el de Javier Sampedro en El País.
Tengo debilidad por Sampedro, al contrario que tantos filósofos, periodistas e intelectuales varios que pontifican sobre evolución sin tener la menor idea del tema, Sampedro lo domina, se dedicó durante muchos años a la investigación genética y según propia confesión, y esto es lo que más me impresiona de él, dejó de ser darwinista por grises y aburridas razones científicas y su alegación por la pérdida de la fe, es toda una confesión de su incomoda posición.


"Yo era un darwinista ortodoxo y convencido, y ahora he dejado de serlo ¿Qué objetivos ocultos han guiado mi pérdida de fe? Era entonces y sigo siendo un correoso ateo, un izquierdista moderado y un amante del jazz. Darwin sigue siendo un modelo intelectual para mi, y sigo valorando el darwinismo como lo que es: un sólido argumento matemático para compatibilizar la naturaleza discreta del gen con el gradualismo darwiniano. ¿Cuáles son entonces mis objetivos ocultos? Mi fe en el darwinismo se ha disipado por las más grises, planas y aburridas razones científicas"


Tener que explicar que no hay razones ocultas (Sampedro recuerda la acusación del psicópata Dennett a Gould de tener un programa oculto por algunas críticas moderadas al darwinismo) y repetir a cada ocasión que se presenta que sigue siendo ateo, es algo que conmueve a cualquier observador externo ¡Lo que sufren los disidentes!
Al pobre Javier se le ponen los pelos de punta con solo imaginar que puede ser confundido con un creacionista ¡Soy ateo, soy ateo, no disparen!

El artículo es un sí pero no, un ejercicio de equilibrismo sobre el alambre.
La bola de nieve planetaria que algunos científicos -pocos- postulan es una hipótesis muy poco verosímil, y de ningún modo explica la explosión cámbrica. Al menos reconoce el problema teórico que supone la explosión, algo poco habitual:
"el problema estrella de la biología evolutiva: la explosión cámbrica, la gran dificultad que atormentó a Darwin hace un siglo y medio."

Atormentó es una palabra demasiado fuerte, Darwin se liberó del tormento suponiendo que esta era un artefacto del registro fósil y para él era indudable la existencia del crustáceo precambrico que nunca existió. Los atormentados serían los actuales darwinistas tras ciento cincuenta años sin crustáceo, yo los veo crispados pero no por este tema.

Sampedro menciona otros temas como el conflicto intragenómico, o la duplicación de genes para intentar completar a Darwin.
A las inagotables metáforas del darwinismo para explicar lo inexplicable, se ha añadido una nueva: la hipótesis del "bufón de corte". Según afirman estos darwinistas, los bufones no cambiaban jamás su numerito si no eran forzados a ello por una catástrofe. Así la evolución no se produce si no hay grandes cambios ambientales, como Sampedro no evoluciona y permanece en el limbo del darwinismo sin fe, en ese equilibrio inestable pero persistente, completando o rellenando a Darwin como bufón de la Corte de los milagros. Los imposibles e innumerables milagros que exige la fantasíosa doctrina darwinista.

4 comentarios:

Cordura dijo...

Creo que pronto reventará el paradigma dominante, al socaire de la Era Neorreligiosa, y a pesar de los salvavidas prestados por las síntesis conciliaristas (evolución teísta, básicamente).

Modesta recomendación:

¿Evolución, o diseño inteligente? (III): En el “Año de Darwin”

http://lacomunidad.elpais.com/periferia06/posts

Un cordial saludo

محمد مهدی رضائیان dijo...

Hola desde Iran

Anónimo dijo...

¿Dónde dijo eso Sampedro?

Pepe dijo...

En su libro "Deconstruyendo a Darwin"