sábado, 5 de abril de 2008

Las cuarenta sendas hacia la iluminación.





Así titula Richard Dawkins el capítulo de su libro “Escalando el monte improbable”, donde habla de la evolución del ojo, ese problema que producía escalofríos en Darwin, según propia confesión.
Dawkins siguiendo las teorías ortodoxas sobre el tema, en particular el clásico articulo de Salvini- Plawen y Mayr nos explica que la visión ha evolucionado de manera independiente y por separado de cuarenta a sesenta veces en el reino animal y que se han reconocido nueve tipos básicos y distintos de ojos.
La primera conclusión a la que llega Dawkins y cualquier hijo de vecino, es que si la visión ha evolucionado tantas veces de manera independiente es porque es algo fácil. Esto lo repite por activa y por pasiva.”Un mensaje fundamental de este capítulo es que los ojos evolucionan fácil y rápidamente, sin mayores problemas”.
Dawkins nos lo muestra en cincuenta amenas páginas con bonitos dibujos. Es un maestro. Los pequeños problemas y objeciones que podrían plantearse los resuelve con elegancia y algún toque humorístico: “el diafragma del iris no es una barrera evolutiva más impenetrable de lo que pueda serlo el esfínter anal”.
Ojos tipo cámara con lente, ojos compuestos, de aposición y de superposición, la imaginación darwinista desbordada. No hay fósiles de transición porque según los estándares geológicos, “la tasa de evolución es más o menos instantánea”.
Esta confianza en la selección natural que produce órganos tan complejos con tanta rapidez y abundancia, me parece algo parecido a la fe, una fe inquebrantable que resiste las evidencias contrarias como veremos más adelante.
Solo al final del extenso articulo Dawkins se enfrenta a los experimentos recientes que ponen en cuestión sus tesis: el gen eyeless de la Drosophila, puede, aplicando ingeniosos tratamientos, expresarse en antenas, alas y patas, y estas moscas manipuladas tienen ojos ectópicos completamente funcionales, y el gen small eye de los ratones indujo ojos ectópicos en la Drosophila, pero no ojos de ratón, sino ojos compuestos como corresponde a un insecto.
Las secuencias de DNA de estos genes de vertebrado e insecto son casi idénticas, el llamado PAX 6, lo que demuestra un origen común, y que el remoto antepasado común del que descienden moscas y ratones ya poseía este gen y posiblemente ojos, y que esta secuencia génica posee una enorme estabilidad temporal. Dejando aparte el problema que supone para el darwinismo que los artrópodos y cordados, incluyendo vertebrados, aparecen brusca y simultáneamente en el Cámbrico inferior junto al resto de phyla bilaterales sin antecedentes fósiles divergentes, este primitivo antecesor común, ¿el mítico Urbilateria?, ya poseía un magnífico manual de instrucciones de como fabricar ojos, multiuso y adaptable a las circunstancias, que produce, junto con otros genes, los ojos más adecuados a cada animal . Un diseño inteligente, desde luego.
Dawkins es un charlatán desvergonzado que después de esta evidencia es capaz de escribir: “¿Nos equivocamos al pensar que los ojos se han desarrollado cuarenta veces de forma independiente? No lo creo así [ ] La conclusión no se tambalea por la demostración de que el antepasado común de todos estos animales probablemente poseía ojos de algún tipo, y que el desarrollo embrionario de todos los ojos parece tener suficientes rasgos comunes para ser inducible por la misma secuencia de DNA.”
Un científico es aquel que intenta ver como llegó a existir este enorme bloque de información con fases intermedias darwinianas, pero al parecer han renunciado, en estas cuestiones, están callados como putas y prefieren los cuentos de hadas.

2 comentarios:

biocomplex dijo...

Venga voy a ser sectario por un momento y te voy a jalear.

"están callados como putas y prefieren los cuentos de hadas."

Y añado: ... y vendernos dinosaurios de plástico...

:-)

Pepe dijo...

Biocomplex es superior a Biomaxi o Maxibio.
A mi me parece bien que vendan dinosaurios de plástico, mientras se dedican a eso no venden mentiras.

Saludos.